
Se llama trampantojo a toda trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es. El nombre proviene de la expresión francesa «trompe l’oeil», que significa «engaña al ojo». Un trampantojo puede conseguirse por cualquier medio o recurso al alcance: cinematográfico, fotográfico, pictórico o de otro tipo. Pero como aquí nos referimos a la decoración de interiores, en este caso vamos a ver el clásico trampantojo de toda la vida en decoración, el realizado artesanalmente con pintura sobre las paredes: la pintura detallada que parece tridimensional y nos hace creer que lo representado es real, la ilusión óptica que crea la pintura realista sobre las paredes interiores de una casa o local, engañando al ojo para enriquecer el sentido de la vista.

El trampantojo tiene su historia. Ya se usaba en la antigüedad clásica. Los primeros ejemplos se encuentran en espacios griegos y romanos; con el renacimiento y el barroco alcanzó su mayor auge y, después, esta técnica pictórica se utilizó con frecuencia por surrealistas e hiperrealistas, en especial por estos últimos.
A lo largo del tiempo, el trampantojo puede cambiar en cuanto a la técnica y al estilo, y es posible que el minimalismo lo haya hecho brillar por su ausencia, pero el valor del arte es atemporal, y por eso el trampantojo siempre tiene sus incondicionales porque, al final, se trata de Arte.
El trampantojo puede ampliar visualmente un ambiente, consigue disimular un espacio vacío, y logra hacer realidad cualquier ilusión.

Generalmente se pinta sobre las paredes interiores de una vivienda o edificio público, pero también puede ir en el techo y en algunos casos en el suelo, como los archifamosos trampantojos hiperrealistas de Edgard Mueller o Kurt Wenner sobre el pavimento urbano de las ciudades. También se pintan trampantojos en las fachadas de los edificios como la forma más habitual de arte urbano, una práctica que cada día está más de moda, y a veces mejoran muchísimo una medianera poco estética.

A una escala más modesta, en este post vimos algunos ejemplos de trampantojos pintados sobre las puertas de Valloria, el pueblo italiano de las puertas pintadas ¿te acuerdas?.

El trampantojo juega con el claroscuro y la perspectiva para dar efecto de profundidad y, en general, con todo recurso pictórico asociado al realismo. Se pintan todo tipo de motivos decorativos o arquitectónicos como paisajes, escenas de la naturaleza, muebles, columnas griegas, o puertas y ventanas. Aporta singularidad y un toque original a la decoración de cualquier ambiente. Si hablamos de un clásico trampantojo no se trata de una fotografia, un vinilo o papel de pared; sino de una pintura artesanal o artística y por tanto cada uno es único, se hace a mano y obviamente su precio es más elevado que el de un mural fotográfico porque es como un traje a medida, exclusivo, así que el pintor que lo vaya a realizar es el único que puede darte un presupuesto según lo que vaya a hacer. Lo que está claro es que decorar paredes con trampantojos artísticos, no es cosa del pasado.